A partir del tratamiento de la cuestión social, he considerado pertinente
compartir con ustedes una visión de la
estructura acerca de este asunto.
Como introducción, la conceptuación de la
distinción entre lo político y lo social en Arendt parte de su oposición al
concepto marxista de trabajo. Sin embargo, ni la labor ni la acción están
siempre confinadas en los espacios a los que son restringidos por Arendt, ni
tampoco cumplen una finalidad única y distinguible de las demás acciones. La
dimensión creativa, por ejemplo, queda restringida a la acción política,
mientras que el trabajo y la labor poseen también esa cualidad humana.
Establece
conceptos complejos que forman parte de todo movimiento con fines de exigencia
social y que, no siempre consiguen obtener los objetivos que dichos
levantamientos persiguen. En la estructura de la Cuestión Social, lo social, no debe inmiscuirse
en la esfera de lo público, puesto que esta dimensión del hombre está definida
en torno al concepto de necesidad y no al de libertad, que es el principio
regidor de la polis. Esto es, a partir de los sucesos que sucedieron durante la revolución francesa enfoca los esquemas de Marx y
deduce que es innegable el impacto que éstos han tenido sobre las demas revoluciones: la pobreza también puede
constituir una fuerza política de primer orden.
El problema es la
inclusión de lo social en el ámbito de lo político y público, que lo social
está vinculado con la necesidad y por lo tanto no puede ser libre, sino que es
una esclavitud de la necesidad. Es por esto que las revoluciones terminan en
totalitarismos o desaparecen como ideologías, por que no están basadas en la
libertad. Después de establecer que la
pobreza es el resultado de la explotación
de la clase gobernante mediante los instrumentos de violencia que posee,
y de que por tanto no es resultado de la escasez, consideración de que toda revolución ha
nacido a partir de la demanda de sectores marginados. Tuvo la visión de la acción pública y la importancia del manejo de conceptos como la compasión,
piedad, bondad, maldad, solidaridad, virtud e hipocresía en el mundo político.
El pensamiento político
de Hannah Arendt es brillante en muchos sentidos. Su concepto de la acción
política es sumamente revolucionario y radical, con un enfoque que observa de
una manera optimista los cambios y la acción colectiva, pues los identifica con
un nuevo comienzo, con los nacimientos. Su definición de la política como
búsqueda de la libertad humana y la imprevisibilidad de los actos humanos crea
un modelo teórico abierto a la emergencia y a la contingencia,
mismo que nos permitiría estudiar cualquier fenómeno político si no estuviera
limitado por la exclusión de lo social.
Más
que preguntarnos por lo que promueve la emergencia de lo social, debemos ser
capaces de reconocer dónde se manifiesta lo político. La historia nos habla de
evoluciones surgidas por el sentimiento de injusticia y no por la búsqueda de
la igualdad política. Son estos conflictos los que nos señalan lo que es
político, a partir de su propia emergencia, sin nombres ni etiquetas que los
anuncien. Los procesos sociales no obedecen a teorías ni satisfacen los
requisitos que la filosofía política les impone desde su perspectiva normativa.
Tal vez sea necesario mantenernos atentos y abiertos a fenómenos como los
movimientos sociales, y no exigirles tal o cual contenido en sus demandas y
problemas, sino más bien observar hasta qué punto son creadores
de espacio público. ¿Solamente el Congreso puede considerarse como resabio de
lo que alguna vez fue el espacio público? Hoy en día debemos ampliar nuestra
concepción de “lo político” no sólo como una forma de analizar a la sociedad,
sino sobre todo de abrir cauces para el planteamiento de muchos problemas que
permanecen sin resolver, y considerar que no sólo el consenso, sino eventualmente
el conflicto, nos señalan la presencia de algo que bajo el nombre de “político”
asume muchas connotaciones, pero existe independientemente de lo ideal.
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